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Hay días que las mamás no tenemos ganas de jugar

Vida de mamá
Foto: Sandy Bleiberg
Foto: Sandy Bleiberg

Sucede, de repente, que las mamás tenemos días en que se nos llena de nubes el pecho de pérdidas

y relámpagos la cabeza

y de agua la garganta.

 

Sucede, amor mío, que aunque subas todas las escaleras para traerme hasta mi cuarto

la caja pesadísima llena de animales y dinosaurios para que juegue contigo

los huecos en mi corazón hoy no me dejarán sentarme a jugar como cada tarde.

 

Mañana volveremos a jugar a los sustos y atacarnos de risa

y a escribirnos letras en la espalda con los dedos.

Pero hoy mamá necesita liberar toda esa agua

que las nubes del pecho han vuelto tormenta.

 

Sucede que eso que hoy causa estas nubes

nada,  –escúchalo bien, nada tiene que ver contigo,

y aunque tus manos en mi cara y escuchar tu vocecita, ayuda mucho.

Es una tormenta que mamá está cruzando sola.

 

Sucede que tú eres pequeño

y te rehúsas a salirte de la tina

o haces berrinches porque no quieres comer lo que preparé, porque eso es justamente

lo que hacen los niños pequeños.

 

Sucede que en el caos de la tormenta yo extravío la paciencia, se me vuela con el viento,

me desesperó y te grito,

porque en ese momento los relámpagos en mi cabeza están en su punto más alto.

 

Entonces, llena de culpa, me agacho para mirar tus ojos llenos de lágrimas

Y nuestras tormentas se unen.

 

–Cuando nos llora el alma es importante permitirnos sentir el dolor, –te digo en un abrazo.

Frenar un rato, sacar la cara y sentir la tormenta en nuestro cuerpo hasta que pase.

Nombrarla y tocarla, no buscar distracciones para taparla.

 

-Perdóname mi niño, es solo un mal día,

tus ojos son las estrellas que despejan mis nubes

Intentémoslo de nuevo mañana. Tú y yo. Ya sin nubes.

 

Por Sandy Bleiberg

Sandy Bleiberg

Jue, 01/28/2021 - 07:26
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