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“Muy bien”, una frase que debemos dejar de decirle a nuestros hijos en todo momento

Publicado: 6 de Marzo 2020
Criando con consciencia
Foto: IG @julimonsalveblog
Foto: IG @julimonsalveblog

Si le decimos “muy bien” a nuestros hijos cada vez que aplauden, hacen un dibujo, terminan su tarea, se dan una marometa, le soplan a la vela de cumpleaños o “pasa la mosca a su lado” y la espantan, deberíamos dejar de hacerlo.

Esto no significa que no nos alegremos de los logros de nuestros pequeños ni que dejemos de amarlos por no hacerlo, sino que el punto en el que debemos poner atención es el elogio en EXCESO, el cual puede ser contraproducente a largo plazo.

De acuerdo con Richard Weissbourd,  psicólogo infantil y familiar en la facultad de la Escuela de Gobierno y Escuela de Educación Kennedy de Harvard “demasiados elogios incondicionales o frecuentes que no están relacionados con logros reales pueden crear dudas y cinismo”.

Con esto no conseguimos reforzar su autoestima, sino que lo único que fomentamos es que se esfuercen y trabajen menos. Además, con el tiempo influimos en su desarrollo cognitivo y emocional. Así como éstas, existen otras razones para dejar de hacerlo:

Se crea una adicción a los elogios.

Cuando se les elogia por todo lo que hacen, los niños se hacen dependientes de las evaluaciones, es decir, por cualquier cosa ya esperan una felicitación, pero cuando no la obtienen pueden sentirse muy mal.

Fomenta un conformismo en los niños.

Carol Dweck , profesora de psicología de Stanford, señala que cuando elogiamos el esfuerzo “vacío” una y otra vez, sin proponer una estrategia alternativa para que los propios niños se auto valoren, entonces sólo se conformarán con eso.

Se vuelven más indecisos.

En un artículo, Alfie Kohn, profesor y escritor sobre el comportamiento humano y la educación de los hijos, señala que los niños con elogios en exceso son más indecisos, tienden a retractarse de alguna respuesta si alguien está en desacuerdo con ellos.

Este hábito suele ser muy difícil de romper, porque ya lo hacemos de forma automática y, porque nuestros hijos ya están acostumbrados a escucharlo, por lo que al inicio pueden sorprenderse o sentirse mal.

Sin embargo, podemos empezar con elogiar su esfuerzo y no el hecho. Es decir, no poner atención en la persona sino en la acción. 

En lugar de darle la gratificación, hagamos preguntas como ¿por qué hiciste eso?, ¿ cómo lo hiciste?, ¿por qué usaste esos colores?. 

También podemos describir lo que hicieron en vez de poner adjetivos: “utilizaste muchos colores e hiciste un gran esfuerzo en aventar fuerte la pelota”. Con esto haremos que el niño evalúe sus propias acciones o comportamiento.

Revisado por Karen Zaltzman, Pedagoga, Especialista en Crianza.

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