Lo que nadie me contó antes de tener hijos

Lo que nadie me contó antes de tener hijos

Vida de mamá

 

Procuré informarme muy bien acerca de la maternidad mientras esperaba a mi primera bebé. Leí de todo –de todo menos del parto en sí, me daba terror imaginarlo– y ahora, en perspectiva, creo que no aprendí nada. Más bien, hice camino al andar –y al caerme, y al levantarme–. Sé que me queda una infinidad por conocer, ya que mis hijos están chiquitos, pero al menos me relaja el haberme dado cuenta de que soy una digna discípula de Sócrates: “Solo sé, que nada –o poquísimo– sé”.
 
Como anécdota, les cuento lo que ni por asomo intuí antes de ser mamá
Quizás coincidamos en más de una situación, je.
 
1. Que las pastillas de hierro estriñen y oscurecen ciertos residuos
 
Mi ginecólogo me recetó pastillas de hierro en mis dos embarazos. Bien obediente empecé a tomarlas y, a los pocos días, salí del baño horrorizada. Había oído que las deposiciones oscuras eran signo de algo muy malo, como cáncer al colon. No, no me podía estar pasando eso. Totalmente desconsolada, llamé a una amiga y me dijo: “Es el hierro”. Mmm… ¿podían haber puesto eso en la cajita, no?
 
2. Que me iba a pasar más de un mes usando pañales
 
Cuando estaba embarazada de mi primera hija y ya se acercaba la fecha de parto, me dieron en la clínica una tarjeta donde se detallaba la lista de cosas que debía llevar el día D. Ahí ponían: “practipañales”. ¿Qué? ¿No eran “practi” todos los pañales? Pregunté en la farmacia y me di cuenta de que eran algo que usan los viejitos. O sea, era para mí. Seguro para el liquidillo de la placenta, nada del otro mundo. Cuando di a luz, caí en la cuenta de que “el liquidillo” estaba conformado por litros de todo y que tendría el popó relleno durante casi 40 días.
 
3. Que la maravillosa ropa de oficina comprada en tienda de marca exclusiva, iría a parar al closet de mi hermana
 
Los kilos, pues, los kilos de amor. Mi marido me dice: “El 95% de las mamás no recupera su cuerpo, y tú quieres ser del 5%.Bienvenida al mundo real, no eres perfecta”. Buah. Por eso, a mis amigas solteras que se acercan a cambiar de estado, les digo que no inviertan en ropa cara porque eventualmente tendrán que decirle adiós (no es mi intención desanimarlas pero es que… es la cruda verdad, se les acaba el tiempo de ser sirenas, cacle, cacle).
 
4. Que existe algo llamado “terribles 2 años” que en realidad acaba a los 5
 
Mi hija mayor tiene 3 años, pero martiriza desde los 2. Mandona, rebelde, iracunda… ¿No que eso era en la adolescencia? Sí, claro, en la adolescencia, pero la vida te da la oportunidad de ensayar 13 años antes. Oh, gracias, vida. Llegaré a los 15 de mi hija con una maestría en paciencia y un doctorado en técnicas de respiración. 
 
5. Que las nuevas generaciones no se sientan tranquilamente en tus piernas a ver la novela contigo.
 
Antes, soñaba con ver la tele junto a mi bebé, ella sentadita en mi regazo, y yo descansando mi cabeza en el sillón. Falso. Mis hijos solo han hecho eso con mililitros de antihistamínicos en su cuerpo. No solo no se sientan, sino que mientras juegan quieren tener como fondo musical Discovery Kids, Disney Channel o cualquier canal que termine en Jr. Y para cuando llega la hora de la novela turca… me quedo zzz.

Por Majo para Naran Xadul
Majo Salazar es comunicadora de profesión, esposa por vocación y mamá -hasta el momento- de una niña de 3 y un bebé de casi un año. Vive su maternidad intensamente, por lo cual la comparte a modo de catarsis en su blog Mamá Majo. Durante el día, trabaja en marketing de contenidos; durante la noche y fines de semana, contiene las marcas que dejan sus hijos en las paredes y, de paso, busca que sean muy felices.

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Última actualización: Mar, 02/13/2018 - 15:37