¿Es bueno negociar con tu hijo durante los berrinches? Descubre qué hacer…

Crianza consciente
Foto: IG @purllamb
Foto: IG @purllamb

Cuando nuestros hijos están en pleno berrinche -además de pensar “trágame tierra”-,  no hay palabras, ni advertencias ni castigos y mucho menos alguna negociación que pare el “drama” en esos momentos. 

 

¿Sabes por qué no funciona? Porque la emoción que están sintiendo no pueden controlarla, es tan grande, que necesitan sacarla; es un impulso que no pueden regular. 

 

Con las estrategias de negociación como: “dejas de llorar ahora mismo o te castigo”, “elige, acabas con este berrinche o te recojo tus juguetes”, estamos creando una sensación de que estamos en contra de ellos, lo cual hace más grande el enojo y menos entenderán lo que les está pasando. 

 

¡Se activa su cerebro reptiliano!

Un mejor ejemplo para entender esto es cuando el niño está tirado en el piso, pateando, pegando o con el cuerpo rígido, no hay poder humano que lo haga entrar en razón, y esto se debe a que se activa el tallo cerebral, también conocido como cerebro de reptil.

 

Con la activación de este cerebro de reptil, el niño tiene la percepción de que todos aquellos que lo rodean son una amenaza, porque esa parte cerebral busca mantenerse segura.

 

Es decir, los niños temporalmente se convierten en “reptiles”, por lo que tratar de negociar o hablar durante esta etapa del berrinche es como tratar de hacerlo con una lagartija o con un cocodrilo. Evidentemente no va a servir de nada, simple y sencillamente no están escuchando, y sólo crece el enojo porque se sienten amenazados.

 

Por esta misma razón, contenerlos físicamente con abrazos, apapachos o cualquier acercamiento a ellos, no funcionan porque están en este estado reptiliano y sólo verán la intención amorosa como una agresión.

 

Entonces, ¿qué debemos hacer como papás o mamás? Hay que entender las tres fases del berrinche:

 

1. En la fase inicial del berrinche sólo hay que estar lo más cerca que se pueda del niño, sin que nos lastime, mantener la calma y enseñarle que hay una salida al final del túnel -de estas emociones intensas que están experimentando.

 

También hay que tener en cuenta que con niños chiquitos esto es normal, no es algo intencional y no lo pueden evitar, se apoderó de su personalidad esta parte del cerebro.

 

2. La segunda fase del berrinche es cuando los niños se dan cuenta que no existe una amenaza para ellos y no están en peligro; entonces es cuando se activa la región límbica del cerebro, la cual busca que las cosas salgan como ellos quieren, es decir, quieren el control.

 

Sin embargo, justo en este momento es cuando de forma natural buscan contacto, porque es el CEREBRO SOCIAL el que entra en acción, buscan abrazos y besos. Es cuando debemos bajarnos a su nivel, para abrazarlos, ser empáticos y escucharlos.

 

Debemos dejar que platiquen lo que pasó, sin enseñarles, sin darles lecciones, ni corregirlos, al contrario, es ayudarles a que se sientan comprendidos, para que den su versión de las cosas sin interrumpirlos, mientras los abrazamos.

 

¿Por qué dejar que lo platiquen? Porque los berrinches son una cuestión corporal, ya que tienden a ser del hemisferio derecho del cerebro; mientras que la historia del berrinche es del hemisferio izquierdo. Entonces para aprender y entender lo que está pasando si le pones una historia a la experiencia física, es más claro.

 

3. La tercera fase es cuando el niño se siente querido. Aquí es cuando debemos sentir que ya está tranquilo tanto en su tono de voz como en su lenguaje corporal -este proceso puede tardar hasta dos horas después del berrinche-. Este es el momento ideal para enseñarle y explicarle las reglas, las consecuencias, etcétera. La clave es que pase la ola de emociones para enseñarle.

 

¿Cómo debemos actuar como mamá o papá durante los berrinches?

Mantenernos a la altura de los niños durante todo el proceso, para que no se sientan amenazados por la diferencia de estatura.

Que nuestro tono de voz sea neutral y tranquilo

No lo tomemos personal, debemos partir de la idea de que los niños están haciendo lo mejor que pueden. Cuando un niño se porta mal no lo está haciendo porque quiere, sino porque no se puede portar bien.

Entendamos que los berrinches durante los primeros cinco años de vida son la forma correcta de su etapa de desarrollo, de liberar la frustración porque las cosas no son como ellos quieren que sean.

 

Fuente: Karen Zaltzman, pedagoga y coach en crianza

Consuelo Hernandez
Última actualización: Vie, 11/29/2019 - 10:19