Cuando se enfrentan tu bebé real y tu bebé soñado. El peso de las expectativas

Crianza consciente
Foto: IG @lauries_little_ones
Foto: IG @lauries_little_ones

Confieso que cuando nació mi primer hijo hubo un momento de choque.

No lo llamaría desilusión ni tristeza; simplemente, cuando lo ví por vez primera, todo lleno de sangre y placenta; cuando lo vi por segunda vez, ya bañadito y callientito en mis brazos después de que me le entregó la enfermera, y hasta cuando lo llevé a casa, hubo un momento de ajuste, de readaptación entre el bebé peloncito de mi imaginación -como fuimos todos los bebés en mi familia-  y el bebé real que tenía en mis manos, con la cabeza llena de lindos mechones cafés.

Cuando mi niño fue creciendo, esos momentos de ajustes se repetían continuamente; mi hijo de mi imaginación y -un poco de mis expectativas- era platicador, ocurrente y social como lo fui yo de niña. –Mis papás decían, de broma, que yo era una niña capaz de hacer platicar a un mudo. Y este niño real que ahora tenía conmigo no era muy fan de hablar con desconocidos; era tímido, callado y los lugares con mucha gente le abrumaban.

Desde que una mujer desea ser mamá, incluso desde antes de que se embarace, ya existen ideas de cómo será su bebé.  Por esto, el vínculo y apego mamá-bebé se comienza a construir con la relación que tiene la mamá con su bebé imaginario, el hijo o hija que siempre soñó y fantaseó.

Pero cuando por fin nace su hijo,  se unen tres bebés y hay un choque entre estos: se une el bebé de sus sueños y fantasías; el bebé invisible que vivía en su vientre, que aunque no lo podía ver, durante el embarazo fue conociendo sus ritmos y su personalidad; y por último, el bebé real, el recién nacido que se puede ver, escuchar y abrazar.

Durante mucho tiempo se le han asignado características y cualidades, pensando cómo será físicamente, cómo será su personalidad… también ha pensado en lo que su bebé NO va a ser. 

Y a todas las expectativas de la mamá debemos sumarle las expectativas del papá y de la sociedad. Imagínense con cuántas expectativas y deseos ajenos nace un bebé. 

 

El problema es que el bebé real no es el bebé de la fantasía de los papás. Ese nuevo ser tiene una personalidad propia, sueños, un temperamento único, características… y sí, muchas son las que se esperaban de él, pero tantas otras no lo son. 

 

Por eso es muy difícil aceptar al hijo real y moldear esas expectativas a la realidad. Pero solamente así se puede aceptar y recibir al bebé que llega.

 

Todas estas expectativas crecen por todos los sentimientos, las dudas y los miedos tan intensos que despierta el embarazo. 

 

Estas expectativas se ven moldeadas por diferentes situaciones:

 

1. El embarazo de una mujer es el reflejo de toda su vida. 

Cuando una mujer desea un hijo y se embaraza, ella revive todas las experiencias que tuvo con sus papás y lo que vivió cuando ella era niña. Lo mismo sucede con el papá. 

Los papás fantasean con lo difícil que fue crecer y los retos que enfrentaron… no quieren que su bebé viva eso, por lo que intentarán evitarlo.  

Es normal que los papás piensen “yo nunca haré eso o aquello”, reflejando lo que ellos vivieron con su familia. Existe el deseo de proteger al hijo de sus propias fallas y defectos.

Por otro lado, también puede existir el deseo de repetir lo que les gustó de su infancia y lo que les gustaría imitar de sus papás.

 

2. El embarazo acerca a una mujer a su mamá y a otras mujeres de su vida.

La mujer puede verse reflejada en lo que ella vivió con su mamá o con alguien que haya ejercido esa función, alguna cuidadora, tía, madrina o abuela. 

… Quizás lleva en ella el deseo de ser mamá desde pequeña… porque fue cuidada o justo porque no lo fue, y ella quiere algún día cuidar a sus propios hijos.

Mientras crece irá aprendiendo cómo ser mamá, imitará a las mamás a su alrededor y así se fortalecerá esa relación.

Con la maternidad, la mujer se acerca y comprende a su mamá de una manera nueva, y al mismo tiempo tiene que acercarse y comprender a su bebé, imaginándose cómo era ella de niña. Esto depende de sus experiencias siendo hija y de sus experiencias siendo mamá.

3. El embarazo es una oportunidad de reparar y reconstruir relaciones

Un bebé puede representar el deseo de reparar una relación que la mamá o el papá nunca tuvieron, o una ilusión de que la relación sea diferente. Que no hayan peleas, que sean cercanos, que platiquen más…

Puede ser una oportunidad para que la familia se una y reciba al nuevo integrante, y si no se puede, con el mismo bebé existe la de algo nuevo, algo diferente.

Debemos  tener cuidado,  los problemas que alguno de los papás tuvo en otra relación se pueden pasar a su relación con el bebé. 

 

4. El deseo que el bebé sea niño o niña

Si se sabe el sexo del bebé, probablemente todas las expectativas y roles de género ya sean de hombre o de mujer llegarán a la mente de los papás. 

Aunque no se sepa el sexo, cada uno de los papás tendrá expectativas para su hijo o hija.

Quizás sea más fácil para la mamá ver partes de ella en una hija, y del papá en un hijo. Pero tanto el papá como la mamá también desean verse (o no verse) en un bebé del sexo opuesto. 

 

5. El deseo de cumplir deseos no cumplidos y recuperar oportunidades perdidas

Es común que los papás imaginen que su hijo logrará lo que ellos no lograron. Sin importar la edad en la que se vuelven papás, con la paternidad llega la confrontación de las propias limitaciones y la necesidad de compromiso.

El bebé representa ilusión de todo lo que no se cumplió: “si yo no fui buena alumna, quiero que mi hija lo sea”; “si yo fui muy mal jugador de fútbol, quiero que mi hijo sea el mejor”; “sobre todo, no quiero que fracase”.

 

6. El deseo de estar completo o sentirse lleno

Puede existir el deseo de estar completo con un hijo, de verse a uno mismo en el hijo, así como si fuera un espejo. 

Puede existir la fantasía de “llenarse” con el embarazo y de que tu cuerpo es potente y productivo, o puede que la mamá vea a su hijo como una extensión de ella misma y le de seguridad que no tiene ella sola.

Es importante echar luz sobre estas expectativas y reconocerlas para así evitar transmitirlas a tu bebé de una manera que impidan que crezca y sea él mismo. Las expectativas pueden ser sanas, pero hay que tener cuidado, porque pueden hacer que no veas a tu hijo realmente como es, ni te adaptes a sus necesidades y a su personalidad.

Explorar todo esto durante el embarazo puede ayudar a alistarte para su llegada y para tener un proceso de maternidad más consciente y reparador.

 

Colaboración de Sara Bromberg con Sandy Bleiberg

Fuente: “The earliest relationship. Parents, Infants and the Drama of Early Attachment.”

De: T. Berry Brazelton 

Por Naran Xadul
Mar, 11/26/2019 - 07:26