Cómo saber si tu hijo está siendo víctima de bullying

Crianza consciente
Foto: IG @purllamb
Foto: IG @purllamb

Hace 12 años cuando investigaba para un trabajo de la maestría sobre el tema de “bullying” o acoso escolar era complejo encontrar información, había aún muchas personas que al escuchar el término se quedaban con cara de interrogación. 

 

Hoy mamás y papás están familiarizados sobre qué es y cada vez más escucho, durante las sesiones de asesoría, que mamás comentan preocupadas que a sus hijos “les están haciendo bullying”.

 

Extrañamente me preocupa escuchar esto. Claro que es maravilloso que hoy la salud social y emocional de los niños sea tan importante, pero cuando no diferenciamos entre que molesten a nuestros hijos y que estén siendo víctimas de bullying, al final le acabamos quitando importancia cuando se da un verdadero problema que necesita trabajo conjunto de padres, maestros y directivos.

 

Pero ¿cómo puedes tú saber si lo que está viviendo tu peque es en efecto acoso, o bien, sólo un conflicto temporal? Estos 3 puntos te pueden ayudar a diferenciar:

 

1.  Poder. Hay un desbalance de poder entre la víctima y el acosador (bully) es decir, es más grande, más fuerte, tiene más “popularidad”.

 

2.  Propósito. Los niños pequeños muchas veces son muy francos y dicen palabras que lastiman sin intención. Cuando un niño hace bullying, ya sea a través de palabras, golpes, exclusión o rumores, estos actos deben ser con franca intención de lastimar.

 

3.  Periodo. Para que un acto sea bullying debe repetirse varias veces a lo largo de un periodo.   

 

Qué NO es bullying:

 

Expresar pensamientos o emociones negativos no es bullying. Los niños tardan unos años en desarrollar filtros sociales y muchas veces dicen lo que piensan sin intención de lastimar. Si bien, estos actos no son bullying es importante que el adulto le enseñe a los niños cómo cuidar los sentimientos de los demás con palabras.     

 

No invitar, no siempre es bullying. No es lo mismo que no inviten a tus hijas a alguna fiesta o a jugar con algún grupo de amigas, a que deliberadamente la excluyan comentando frente a ella de la fiesta a la que no fue y lo bien que lo pasaron. La exclusión es parte de la vida y es esencial enseñar a nuestros hijos a lidiar con ella.      

 

Molestar sin malicia no es bullying. Los chistes y las bromas son parte de las relaciones entre niños, siempre y cuando no tengan intención deliberada de lastimar. Es importante no llamar “bullying” a estas interacciones bromistas entre amigos o hermanos, ya que le restan importancia a los verdaderos actos que buscan “hacer de menos”, humillar o lastimar.   

 

Vivir conflictos con los demás no es bullying. Los niños se pelean y esto es normal. Solo así aprenden a negociar, a ser asertivos, cuidar a los otros y a ellos mismos. Como adultos nos toca la labor de enseñar a nuestros hijos a resolver conflictos más que buscar evitarlos a toda costa.     

 

Por Karen Zaltzman, coach en crianza

Naran Xadul
Última actualización: Lun, 11/11/2019 - 16:44