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Método Inuit: la mejor forma para educar sin tener que gritar

Criando con consciencia
Foto: IG@senaenelson
Foto: IG@senaenelson

Para esas veces que sientes que estás hablándole a la pared y crees que lo único que puedes hacer es gritar, este método logrará que tu hijo te haga caso sin recurrir a la violencia.

 

Este método es utilizado en Alaska por las tribus Inuit y su principal valor es el de no utilizar los gritos como forma de disciplinar.

 

El antropólogo, Jean Briggs descubrió que las tribus de Alaska, en 1970, pocas veces le gritaban a los niños, incluso en los momentos de estrés, los padres mostraban un control absoluto de sus propias emociones, no se enojaban, no se irritaban y parecían tener toda la paciencia del mundo.

 

¿Cómo lo lograban? Con una simple frase: “No grites ni le grites a los niños”. Esto porque los niños aprenden del ejemplo, y está más que comprobado que si gritas ellos harán lo mismo, o se callarán, pero con miedo y tristeza, y eso no es respetuoso.

 

Si les gritas a los niños, ellos aprenderán que esta es la forma de resolver sus problemas, que con miedo lograrán hacer que los otros obedezcan.

 

Este método es tan tierno y respetuoso, que ya está avalado por la Asociación Americana de Pediatría.

 

La clave está en los padres y su capacidad de respuesta ante las cosas, entre más pacientes y moderados están, mejor podrán enseñar a sus hijos, a través de cuentos. Los padres Inuit, en lugar de gritar, les cuentan a sus hijos historias con advertencias, por ejemplo que un niño que corría de esa manera se cayó y se golpeó, incluyendo la lección de cuidar su cuerpo y ser cuidadoso en sus actividades.

 

Con los berrinches, los miembros de la tribu esperan a que pasen, no interfieren en la descarga de emociones, pero después le muestran a los niños en privado cómo se ven haciendo eso, para que los niños puedan visualizar si sus actos están bien.

 

Al final, se trata de un método respetuoso que hace que los padres nos analicemos antes de decir que los niños son berrinchudos. Tal vez la forma en la que estás respondiendo y pidiendo no es la mejor, ni la más respetuosa. Tal vez tu hijo te hace caso pero con un miedo tremendo y entonces no está siendo él mismo.

 

El respeto es la clave y el control que tenemos con nuestras propias emociones para que nuestros hijos aprendan a controlar las suyas y tener inteligencia emocional en un futuro.

 

Fuente: AAP

Silvia Ruiz

Abril 24, 2019
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