El miedo del que ninguna mamá de varones habla.

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Foto: Sandy Bleiberg
Foto: Sandy Bleiberg

Soy mamá de dos varones y constantemente me encuentro en medio de pláticas donde las mamás de niñas se  preocupan pensando cómo prevenir que sus hijas sean víctimas de abuso sexual. 

 

No estamos para medias tintas. Hay que hablar y nombrar la cosas como son; 

En el mes pasado cada 10 horas una mujer fue asesinada a manos de un hombre por machismo o misoginia.

 

Y por cada mujer que fue agredida sexualmente, hubo un niño que creció en un entorno que lo permitió volverse el perpetrador de ese crimen.

 

¿Por qué nos sentimos tan cómodas analizando cómo hacer que nuestras hijas no se conviertan en víctimas, pero no nos atrevemos a verbalizar nuestro miedo a que nuestros hijos se conviertan en perpetradores de violencia?  Esto no es coherente, no tiene sentido. Porque por cada víctima de violación existe un predador detrás.

 

Y aunque incomode, soy mamá de dos varones y me atrevo a abrir la conversación. Porque lo que menos quisiera es que mis hijos crecieran para ser temidos tan solo por el hecho de ser hombre.

Por eso cada día y cada instante estoy trabajando para formarlos con suficiente amor y amabilidad para que así, sea la única forma coherente para ellos de tratar la vida de los demás seres –mujeres o hombres– que se topen por su camino.  

 

Por eso intento, a cada rato, de llenarles la cara de besos y abrazos sin razón aparente. Por eso les demuestro mi amor con contacto físico y caricias gentiles.  Porque vivimos en un paradigma social machista en el que nuestros hijos varones no reciben suficiente contacto físico. Estamos acostumbrados a jugar luchitas o al juego rudo, pero en algún momento del camino, cuando dejan de ser bebés, dejamos de tocarlos y acariciarlos de una manera amorosa y gentil. Necesitamos mostrarles a demostrar, dar y recibir cariño a través del contacto físico amoroso, para que puedan, a su vez, compartir eso con su pareja en el futuro.

 

Soy mamá de dos varones y no permito que nadie les diga que llorar es de niñas.  En mi casa las emociones no tienen género, las emociones se sienten y un niño tiene todo el derecho de llorar si siente que es necesario.

 

Pero sobre todo, soy mamás de varones y cada día me muestro ante ellos tal y como soy. Sin máscaras ni pantallas falsas. Mis hijos me han visto luchar con todas mis fuerzas por algo que quiero y me han visto rendida. Me han visto estresada trabajando hasta tarde, me han visto riendo mientras disfruto de la compañía de amigos y me han visto llorando con el corazón roto.

Y de todo eso, han aprendido que una mujer es un ser multifacético, profundamente fuerte, emocional, capaz, vulnerable y hermoso. Uno que merece respeto, cuidado, amor, atención y, sobre todo, seguridad. 

 

Soy mamá de varones y cada día su papá y yo les enseñamos con nuestro ejemplo que la bondad es una fortaleza, no una debilidad. No es más hombre el que es más cruel, ni más débil el que es amable. Todo lo contrario. 

 

Soy mamá de varones y cada día me esfuerzo para criar hombres que no serán parte de estas horribles estadísticas, sin con suerte, serán parte de la solución.

 

Por Sandy Bleiberg
Mar, 03/03/2020 - 09:06