La soledad de ser la mamá cuyo embarazo no tuvo un final feliz

La soledad de ser la mamá cuyo embarazo no tuvo un final feliz

Vida de mamá

Se dice que en los países desarrollados, uno de cada 120 embarazos no tiene un final feliz…

Y así comenzó, mi inicio no deseado en el complicado mundo de la crianza sin hijos.

Un mundo donde aparentemente todo embarazo termina con un recién nacido en brazos, pero el mío terminó con unos brazos vacíos.
 
Investigué el caso de mi hija sin parar, reflexionando sobre cada cita, comentario, pensamiento, correo electrónico, en libros. 
¿Por qué a mí, por qué a nosotros?...

 bebe

Instagram/lu_mulloy

Hay menos de un uno por ciento de posibilidades de que un bebé muera de la manera en que lo hizo la mía.


Parece que historias como la mía caen en una laguna de conciencia cultural, no lo suficientemente común como para golpear el radar de la persona típica, pero no lo suficientemente impactante como para salir en  los titulares de los medios de comunicación.
 
El resultado: un sentimiento que es  poco fácil de compartir con los demás:
Una SOLEDAD eterna.
Aquellos de nosotras que conocemos el dolor de primera mano debemos reintegrarnos a la sociedad y hacer como si nada pasó.
 
No estoy sola, debo convencerme a mí misma.
Busco historias y cuando encuentro casos similares, llevo en mi corazón a esas familias conmigo, recordándome a mí misma que los demás sí conocen esta profundidad de desesperación.
 
 Todos los días, mi esposo y yo caminamos a través de lo que parece fuego, preguntándonos cuántos pasos tomarán antes de que las quemaduras vuelvan a formar ampollas.
Las cicatrices ya están allí; la crudeza del dolor es todo lo que cambia.
 
El mundo puede pretender que mi hija no existió, que su vida es tan invisible, o su historia tan rara, que apenas merece una mención. Pero, la vida de mi hija fue real.
Es solo ahora, después de su muerte, cuando debo recurrir a mi imaginación para encontrarla.

 
Y a veces mi imaginación me juega trampas.
y puedo ver a mi hija en fragmentos. Está acompañándome en el carrito del súper, con las piernas regordetas colgando del asiento. Ahí está ella, en el patio trasero con manchas de hierba en su vestido y una sonrisa en su cara.

 Es doloroso. Y aunque sé que es un dolor que nunca se cerrará. 
​El tiempo hará su labor. Esa es mi esperanza.

Pero hoy para mí es importante decirle a todas las que pasaron por lo mismo.
Que no están solas.
​Que comparto su dolor.

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Última actualización: Vie, 02/02/2018 - 17:19