Cómo sanar emocionalmente cuando el padre de tu hijo no se hace cargo

Cómo sanar emocionalmente cuando el padre de tu hijo no se hace cargo

Vida de mamá
Foto: IG @native_mamma
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Las mamás solteras necesitan mucha fuerza, y valentía.
Puede sentirse como que la vida se empeñó en mostrarte su lado más oscuro, cuando te das cuenta que esta experiencia la vivirás sola, porque el padre de tu hijo ha decidido hacerse a un lado.
 
Ser mamá soltera no sólo es difícil por la cuestión económica.
Sino que conlleva una carga emocional con la que se debe lidiar día con día, mientras intentas educar lo mejor posible a ese maravilloso ser que está a tu lado: Tu hijo. 

Y a veces el coraje y la rabia no te permite ver la maravillosa luz que está llegando a tu vida.
 
¿Cómo sanar y  poder disfrutar de la grandiosa oportunidad que te ha brindado la vida: ser el único motor de una personita extraordinaria?

 

1. Pon atención a tu dolor emocional. Jamás ignores lo que sientes. Siéntate algunos segundos para identificar qué es lo que te tiene preocupada, triste y ansiosa.
 
2. Detén ese dolor. Al identificar a tiempo esas emociones negativas, tendrás oportunidad de sentir sentimientos como impotencia, desconfianza y miedo. Trabaja en ti misma para superarlos.
 
3. Protege tu autoestima. Evita las conversaciones negativas o hacerte víctima de cualquier cosa. Acéptate y ámate como eres. Reconoce lo valiosa que eres para ese ser que depende de ti.
 
4. Elimina los pensamientos negativos. No te culpes por todo, al contrario, busca una forma de expresar lo que sientes. Una forma de lograrlo es a través de la escritura; escribe lo que sientes, lo que piensas o a quienes quieras.
 
Un ejemplo de esto es una mamá soltera que le escribió una carta al papá de su hijo, quien la dejó mientras estaba embarazada; una experiencia que le generó emociones como miedo, culpabilidad y tristeza, pero con el tiempo se dio cuenta que esa decisión fue lo mejor que le pudo haber pasado. ¡Sigue leyendo!                
 
Carta de una madre soltera al papá de su hijo
 
“Aún recuerdo cuando te dije que estaba embarazada; fue un proceso muy largo, y aunque al principio me hiciste creer que te emocionaba la idea de ser padre, tu abandono y tu falta de apoyo durante esa etapa me demostraron lo contrario. En el fondo siempre supe que nunca sacrificarías tu libertad y tu estilo de vida para ser mi esposo, mucho menos para ser padre”.
 
“Mi embarazo fue un momento agridulce, pues al principio pensé que estaba sola. Nunca me acompañaste a ninguna cita, no me preguntabas cómo me sentía y mucho menos te importó involucrarte en las compras o los preparativos para armar el cuarto donde dormiría nuestro hijo. Pero ese dolor ya pasó, se fue pronto y hoy tengo una manera distinta de ver las cosas. Y cuando sentí sus pataditas en mi vientre por primera vez, me di cuenta de que jamás estaría sola de nuevo”.
 
“Cuando te fuiste lloré como nunca antes, porque de un momento a otro me di cuenta de que tendría que sacar adelante a mi hijo sola y tuve mucho miedo. No me sentía capaz de lograrlo, sentía que la vida se me iba y que yo no sería suficiente para que mi bebé, esa criatura tan pequeñita y frágil, estuviera bien. Pero afortunadamente me equivoqué”.
 
“Ver a mi niño crecer me da fuerza para seguir adelante. Cada vez más inquieto, más despierto y más inteligente. Me recuerda mucho a ti en algunas cosas. Y no te preocupes, jamás le hablaré mal de su padre porque, aunque no afrontaste la responsabilidad, sé que al igual que yo, tomaste una decisión muy difícil y no te juzgo por eso. Pero la diferencia entre nosotros es que yo sí asumí mi papel y me siento orgullosa de ello”.
 
“Fue difícil. Me costó muchas noches de desvelo y llanto en silencio para no despertarlo, pero ahora sé que quizá todo hubiera salido mal si te hubieras quedado, porque parte de ser padre es cambiar los malos hábitos y convertirse en un ejemplo a seguir, algo que tú nunca has querido hacer. Hoy sé que fue mejor así, porque con tus noches alocadas, las resacas y el aliento a tabaco, ¿qué ejemplo le hubieras dado a nuestro hijo?”
 
“Como dije antes, no voy a juzgarte y tampoco le voy a negar a mi niño el derecho de saber que tiene un padre, aunque nunca hayas estado ahí cuando se enfermó, ni en sus festivales escolares, ni esas noches cuando el monstruo del armario lo aterrorizaba. Pero eso no importa, ¿sabes por qué?, porque siempre fui suficiente para él. No le negaré la verdad, pero tampoco voy a formarle una imagen de ti. No te niego verlo, simplemente tú no quisiste acercarte nunca, y de ahí él formará su propia imagen de ti”.
 
“Sólo me queda darte las gracias; de no ser por ti nunca hubiera conocido el verdadero amor, uno que llegó a este mundo pesando 3 kilos con 200 gramos y midiendo 51 centímetros. Ese amor que me dice «buenos días, mami» y me da un abrazo cuando llego a recogerlo a la escuela. Gracias por no ser lo suficientemente valiente para afrontar los cambios que llegaron junto con ese pedacito de felicidad. Erróneamente te veía como el amor de mi vida, pero hoy sé que el que tengo ahora durará para siempre”.
 
“Espero que no te arrepientas de haber hecho a un lado a este ser maravilloso que se preocupa por los demás, que ha encontrado en su abuelo una figura paterna que le ha dado fuerza, le ha enseñado valores y le ha demostrado lo que significa ser un hombre. Porque tú nunca estuviste a la altura, y no lo digo para ofenderte, sino para desearte la mejor de las suertes”.
 
“Gracias de nuevo, y espero que pronto encuentres la felicidad que yo siento hoy al ser madre, esa felicidad que tú mismo te has negado”.

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Última actualización: Jue, 02/01/2018 - 16:36